miércoles, 24 de febrero de 2010

Bolivia: tres revoluciones y las trabas a Evo


Bolivia está llevando a cabo tres revoluciones simultáneas: una, democrática, descolonizadora, modernizadora; otra, cultural, eliminadora del atraso y la barbarie impuestos por el pasado de explotación y sumisión, y la tercera, social, de contenido anticapitalista objetivo. Evo Morales y su gobierno conducen las dos primeras con gran vigor y decisión, pero las formas y el contenido de la tercera están todavía indefinidos.

Dos casos recientes ilustran las dificultades que derivan del pasado. El primero, es del intelectual aymara y ex ministro Félix Patzi hasta hace poco candidato nada menos que a gobernador de La Paz y que acaba de pasar a la oposición y de intentar formar su propio partido campesino sobre bases racistas (habla de que los ministros blancos lo persiguen). El otro es el de la negativa del Estado Mayor de las fuerzas armadas a proporcionar a la justicia los documentos sobre la dictadura y las desapariciones y torturas. Analicémoslo un poco.

El gobierno, por la vía legal, había declarado que conducir en estado de ebriedad constituía un delito punible con cárcel, como en cualquier país civilizado. El sindicato de choferes de autobuses declaró un paro de 48 horas para revocar esa medida, defendiendo obviamente el “derecho” a conducir borracho y, además, Patzi fue pillado conduciendo alcoholizado y Evo Morales, de inmediato, así como el MAS, su partido, lo eliminaron automáticamente como candidato a gobernador de la principal ciudad boliviana a pesar de su popularidad y su apoyo organizado.


Patzi, para colmo, primero mintió al tratar de explicar su borrachera pues dijo que venía de un inexistente velorio de una prima. O sea, opuso los usos y costumbres (en los velorios todos beben) a la ley estatal y, después, para colmo, se fue a su zona natal para que su comunidad le aplicase un castigo (hacer mil ladrillos de adobe en tres días).La imposibilidad material de cumplirlo en ese corto lapso (reducido además por entrevistas y reuniones) constituía por sí misma otra mentira evidente y, una vez más, un intento de oponer los usos y costumbres a la ley estatal (aunque, desde el punto de vista de aquéllos, correspondía que el castigo fuese establecido por la comunidad donde había cometido el delito, y no por su comunidad originaria).


La ley de la República fue violada en nombre de la incorporación de los usos y costumbres a la Constitución pero pisoteando al mismo tiempo el precepto indígena oficial de “no mentir”, aprovechando que en Bolivia, como en muchos otros países, emborracharse es algo muy común y cosa de hombres, tanto que un sinónimo de beber es “macharse”. Las decisiones legales tendientes a fortalecer el Estado, por otra parte, chocaron además en este caso con el indigenismo racista de Patzi (y de sus seguidores atrasados que creen que los explotadores son sólo los k’aras, los blancos, cuando hay capitalistas aymaras) y con el nepotismo y el clientelismo del ex ministro durante su período de administrador público, así como con el corporativismo de la Federación Campesina de la Paz que lo siguió acríticamente y sobre el cual Patzi intenta construir su partido opositor.


En el caso del mando militar y de su oposición a la justicia, actúan diversos factores (como, por ejemplo, la influencia en los altos mandos de las fuerzas conservadoras y contrarrevolucionarias nacionales y extranjeras) pero predomina nuevamente el corporativismo. Los militares de hoy cubren a los dictadores y asesinos del pasado porque “perro no come perro” y porque esperan que en el futuro se les brinde a ellos la misma solidaridad de casta. Ahora bien, en un Estado moderno –y Morales quiere modernizar Bolivia- los militares están sometidos a las leyes y a los poderes estatales y no son un cuerpo que pueda funcionar en autogestión. Nuevamente, los intentos de sacar a Bolivia del atraso (la borrachera, el clientelismo, la corrupción, la arbitrariedad de los cuerpos separados) para imponer una Constitución, un estado de derecho y construir, por primera vez en su historia, un verdadero Estado capitalista, chocan con el espesor político-cultural del colonialismo y el precapitalismo. Y eso no se elimina en un par de años sino que requiere una larga revolución cultural. No basta pues con ganar el gobierno y con obtener un apoyo popular del 80 por ciento contra la reacción si no se tiene realmente el poder y si ese apoyo masivo es mucho menor en casi todos los aspectos de la vida política y cotidiana, que, para bien y para mal, están muy marcadas por el pasado.


Aquí entra el problema de la tercera revolución, la anticapitalista, que figura en las aspiraciones de Evo Morales y Álvaro García Lineras pero no permea ni las medidas de su gobierno ni el accionar de su partido, el MAS. En primer lugar, éste es un pool de intereses corporativos, una alianza de organizaciones sindicales y sociales con sus burocracias respectivas, y no está en condiciones de orientar al gobierno. El segundo lugar, según las tradiciones nacionalistas-desarrollista de la revolución de abril de 1952, el gobierno confía en el aparato estatal para industrializar al país y no en las capacidades de autogestión y construcción de una economía alternativa por parte de los obreros y campesinos. Depende pues, como antaño, de una economía extractiva, exportadora y de la producción por el Estado de lo mismo que producían los capitalistas privados. Construye así el capitalismo de Estado e intenta crear un aparato burocrático para dirigirlo y utiliza el apoyo masivo como si fuera su infantería de choque, pero sin que los trabajadores discutan y decidan qué hacer en el territorio y qué con los recursos. Pero esto tampoco se consigue rápidamente y, además depende de los avances de la revolución cultural y de la situación económica internacional.

Guillermo Almeyra

otro tema de discucion:La falacia de la pena de muerte


Aunque en Latinoamérica varias circunstancias han propiciado que se alcen algunas voces pidiendo que ese se reinstaure, la tendencia global hacia la abolición de la pena de muerte parece imparable.
El reto que tienen por delante quienes luchan por que se prohíba la pena de muerte siempre es grande porque nunca hay garantías suficientes de que, el día de mañana, la misma no será instaurada, restablecida o aplicada con mayor frecuencia en uno u otro rincón del mundo. Hace un año, cuando Amnistía Internacional presentó su informe sobre la administración de la pena capital correspondiente a 2008, se constató que, aunque cada vez menos países la aplican, el número de ejecuciones en aquellos que sí lo hacen casi se duplicó. A finales de marzo, Amnistía Internacional hará público su reporte correspondiente a 2009.

¿Temores exagerados?

En 2008, Latinoamérica emitió señales positivas con la decisión de Argentina de borrar la pena capital de su legislación. Sin embargo, cabe preguntarse si esta tendencia se mantuvo en la región o si se revirtió en el transcurso de los últimos meses. Después de todo, la posición sociopolítica de cara a la pena de muerte varía de país a país y, en la última década, una compleja madeja de circunstancias ha propiciado que se alcen voces pidiendo que ese castigo se reinstaure.

En Bolivia, algunos temen que la homologación del estatus del derecho indígena con el del derecho de Estado pueda legitimar indirectamente la pena capital en ese país, a pesar de que su Constitución restringe su aplicación a los delitos de guerra.
Bolivia y la justicia comunitaria
“Hay demasiados prejuicios en torno a las implicaciones del derecho indígena”, dice la Dra. Almut Schilling-Vacaflor, investigadora del Instituto de Estudios Latinoamericanos del German Institute of Global and Area Studies (GIGA) en Hamburgo. “Es importante diferenciar entre linchamientos y justicia comunitaria; los linchamientos tienen lugar precisamente donde no están bien establecidas ni la justicia de Estado ni la justicia indígena”, agrega, aclarando que la aún no promulgada Ley de Deslinde Jurisdiccional evitará que surjan contradicciones entre ambas legislaciones, sobre todo en materia de derechos humanos.

El Dr. Kai Ambos, miembro del Grupo Latinoamericano de Investigación Penal de Gotinga, Baja Sajonia, y docente en el departamento de Derecho Penal Internacional del Instituto de Criminología de esa ciudad, secunda a Schilling-Vacaflor: “Quienes afirmen que el linchamiento o prácticas similares son expresión de la justicia indígena desconocen las percepciones histórico-culturales que las comunidades indígenas tienen del castigo y descalifican sus valores”. Los promotores de la justicia comunitaria en Bolivia han desmentido que ésta incluya la pena capital o la “justicia por mano propia”.
Apología de la pena capital
Cuba y Guatemala están entre los pocos países de América Latina en donde la pena capital sigue siendo legal. En Guatemala, la aplicación de la misma se suspendió en 2002 y volvió a activarse en 2008 bajo argumentos como el del general retirado y político conservador Otto Pérez Molina: “la pena de muerte es la única medida para disuadir a los delincuentes”. Pero la apología de la pena capital no proviene solamente de la derecha: en enero de este año, el Partido Verde Ecologista de México propuso reimplantar este castigo, alegando que, ante el auge de los secuestros y los homicidios, la mayoría de la población estaba de acuerdo con la medida.

Kai Ambos y su equipo señalan que la noción de la pena capital como medida de seguridad preventiva no es aceptada en los campos del derecho penal y la criminología porque su efecto disuasivo carece de evidencias empíricas; no hay pruebas de que la pena de muerte garantice el cumplimiento de las leyes ni la reducción de la violencia. No obstante, diversos sectores de las sociedades de El Salvador, Honduras, Colombia, Perú y Argentina han pedido que se reimplante y se amplíe la aplicabilidad de la condena a muerte para ponerle coto a la violencia y al crimen organizado.

La instrumentalización del debate

“En América Latina, la popularidad de la pena de muerte varía dependiendo directamente de la percepción que predomine en relación con el estado de la seguridad pública. El incremento en el número de crímenes violentos genera preocupación, temor y frustración en la población, y, a veces, estos sentimientos son explotados por políticos demagogos que se hacen elegir apelando al discurso de la ‘mano dura’, que incluye la aplicación de la pena capital”, explica José Miguel Vivanco, director para las Américas de la organización Human Rights Watch (HRW).
Por ejemplo en la Argentina donde desde los medios y la oposicion politica se potencian los niveles de delincuencia, que existen, para tratar de voltear al gobierno democratico de Cristina Fernandez, usan a famosos para bajar linea a favor de la pena de muerte como solucion magica, en contraste con la politica de derechos humanos llevada adelante por el gobierno peronista.

Según Vivanco, el debate en torno a la pena capital resurge esporádicamente en detrimento de discusiones importantes sobre la necesidad de reformar el aparato judicial, agilizar los procesos penales e invertir en la profesionalización de las policías. “Seguimos contando con policías muy mal pagadas, acostumbradas a la corrupción, sin controles internos ni externos, que abusan de su poder y que, en muchos casos, ya se hallan penetradas por las mafias, el narcotráfico y el crimen organizado”, asegura el representante de HRW.

Entonces, ¿está América Latina propensa a padecer la expansión de la pena de muerte? No del todo, asegura Ambos. Los esfuerzos de Estados Unidos por imponer la pena de muerte en el sistema judicial de su Estado Libre Asociado Puerto Rico en 2006 no funcionaron. “Estados Unidos y Latinoamérica representan dos escenarios jurídico-culturales diferentes: el anglosajón y el continental-europeo, respectivamente. Durante los años ochenta, la democratización de América Latina supuso un gran incremento en la cantidad de países que abolieron la pena capital”, dice el catedrático de Gotinga.

Razones para el optimismo

Ambos suena optimista cuando se refiere a la tendencia mundial hacia la abolición de la pena de muerte; tendencia que él describe como “imparable” y en la que sigue viéndose reflejada la mayoría de los países latinoamericanos. “Desde 1990 más de 40 países y territorios han abolido la pena capital para todos los delitos. Hay que destacar como un hito histórico que, el 18 de diciembre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución a favor de una moratoria en la pena de muerte en todo el mundo. La resolución fue adoptada por una amplia mayoría: 104 países votaron a favor, 52 en contra y 29 se abstuvieron”. Otro obstáculo en el camino de quienes promueven la pena capital en Latinoamérica es de índole jurídica: la Convención Interamericana de Derechos Humanos establece que la pena de muerte no puede ser restablecida en los países donde ya ha sido abolida y ese documento tiene carácter vinculante.
BETO MARTINEZ

martes, 23 de febrero de 2010

“Sueñan un país que no existe” libro de Juan José Becerra


El autor de “Patriotas” desmenuza el discurso de varios referentes antikirchneristas. “Son los que no invitaría a mi cumpleaños”,
"¿Por qué no puedo hablar de ellos, que están todo el día metidos en mi casa, diciéndome cosas, tratando de convencerme de esto o aquello e incluso agrediéndome, muchas veces?”, se preguntaba el novelista Juan José Becerra cuando en 2007, en una primera excursión a la patria mediática que él definió como su propia excursión a los indios ranqueles, publicó “Grasa. Retratos de la vulgaridad argentina”, una colección de ensayos en los que se metía con personajes como Alan Faena, Marcelo Tinelli o Mauricio Macri. La misma pregunta podría servir para justificar su nuevo libro, “Patriotas. Héroes y hechos penosos de la política argentina”, en el que Becerra desmenuza los discursos de algunos de los personajes públicos con más resonancia, como Marcos Aguinis, Joaquín Morales Solá, Francisco de Narváez o Alfredo de Angeli.

En el ensayo sobre Aguinis, por ejemplo, Becerra decodifica la matrix del estilo que usa el autor de “¡Pobre patria mía!” para criticar al gobierno. “La base del estilo consiste, por lo general, en enlazar un sustantivo vinculado a lo institucional con un adjetivo asociado a las infecciones”, sostiene Becerra. Y después cita algunos ejemplos en los que Aguinis habla de “las listas sábanas llenas de pus” y asegura que “los historiadores revisionistas, superficiales o ideologizados, inyectan ponzoña intravenosa” o que la confiscación de los ahorros en 2001 “ardió en la piel como un ataque de urticaria”. Está claro que Aguinis, que además de escritor best-seller, es neurocirujano, dedicó muchos años a estudiar medicina.

Más adelante, en el texto sobre el analista político Joaquín Morales Solá –en el que describe el “semblante papal que exuda” su imagen–, analiza la distancia entre el “temor” y la “reverencia” con la que el periodista habla de Washington y “el mundo” a la adjetivación con la que se refiere a Venezuela o Rusia. “El mundo es un sistema, un orden, una organización con aires de gerencia que, como la palabra Washington –fetichizada por brillos de un expresionismo positivo-, no requiere ninguna correspondencia de sentido: habla por sí misma. En cambio, aquello que el mundo no es, sí hay que adjetivarlo”, escribe. Y cita un artículo en el que Morales Solá se refería en tono crítico a la política de relaciones exteriores de los últimos años de la Argentina que había salido a buscar inversiones en la “imprevisible Venezuela”, en la “rígida y pretenciosa China”, en la “pobre Angola” y en la “autoritaria Rusia”.

La elección de estos personajes tiene que ver con que todos ellos, con mayores o menores limitaciones, en sus discuros plantean reflexiones sobre la Argentina o, más emotivamente, la patria.

- ¿Cómo cree que juega el tema de la patria o de cierto nacionalismo en todos ellos?

- La patria es para ellos todo lo que la Argentina no es. Mejor dicho, todo lo que no se ajusta a sus deseos. Es una idea ligada a una fantasía de progreso, al mismo tiempo retrospectiva y futurista: lo que fuimos, o lo que vamos a ser. De lo que somos no les interesa hablar. Creo que tienen una relación oscurantista o pueril con la política. El presente sólo les interesa para anularlo y sustituirlo completamente por una Argentina dorada que nunca se vio y que ellos imaginan afuera de América Latina.

- ¿Y por qué decidió centrar el análisis en lo discursivo y no tanto en los personajes?

- Porque me parece que en el lenguaje hay una verdad que casi siempre se fuga de la imagen. En el lenguaje hay una verdad más estable, más precisa y más profunda que la que puede haber en cualquier gesto de conquista visual. Pero la atención casi exclusiva del discurso tal vez obedezca a que pertenezco al mundo de los libros, un mundo en el que se lee o se escribe, operaciones que veo contrarias a la contemplación boba de la imagen.

- ¿Cómo trabajó con la indignación que pueden provocar algunos de esos discursos?

- La indignación es el origen de este libro, pero como justamente se trataba de un libro sentí que no tenía ningún derecho a que la indignación, es decir el romanticismo, fuese la fuerza que lo escribiera. Mi idea siempre fue partir de la indignación como si fuese una plataforma, y abandonarla de inmediato para dedicarme a pensar y a escribir. En cuanto a la lectura de Aguinis, por ejemplo, fue una experiencia muy desagradable que ojalá nunca más vuelva a experimentar, pero en la que me pareció ver un efecto insólito: Aguinis es tal vez el único escritor del mundo que utilizando los recursos de la autoparodia intenta producir un efecto de seriedad. Algo imposible, porque de ese desarreglo sólo puede surgir el chiste que lo destruye.

- Mucha gente tiene su relación personal de amor/odio con el kirchnerismo. ¿Cómo es la suya?

- El kirchnerismo no me despierta amor pero tampoco odio. Hay cosas que se han hecho desde 2003 que me han gustado mucho, y otras que no me gustaron nada. En el fondo es un gobierno, ¿no? No es un coro de ángeles. Pero lo cierto es que el discurso kirchnerista no me resultó atractivo para analizar, quizás porque está demasiado presente. Es una máquina transparente que se puede ver a simple vista. En cambio, la lírica de la cultura conservadora, con sus pretensiones de hacerse pasar por un pensamiento recién nacido, se ha vuelto muy opaca y comienza a girar masivamente hacia la mala fe.

- ¿Cuál de los ensayos disfrutó más escribiendo? ¿Y cuál de esos personajes le cae peor?

- En general, me gustó escribir el libro entero, pero sus personajes no me caen ni bien ni mal. No tengo nada personal contra ninguno de ellos. Sí, en cambio, contra muchas de las cosas que piensan.

- ¿Suele consumir televisión? ¿Hay series o programas de televisión que le gusten?

- Soy un telespectador que consume de todo, pero nada de manera completa. Digamos que soy un espía, incapaz de entregarse al sedentarismo o la fidelidad que se necesita para seguir la línea de una serie. La última que vi fue Twin Peaks, hace mil años.

- ¿Le parece que los escritores deberían meterse más con los personajes de la cultura popular, que deberían reflexionar sobre ellos igual que lo pueden hacer sobre una película de Lucrecia Martel o sobre un libro de Aira?

- Sin dudas. Yo discuto mucho este tema con amigos escritores y todos están de acuerdo. Personalmente, lo siento como una cura y un deber de mi yo más civil: tengo que hacerlo, aunque termine embadurnado de literatura trash. Un amigo me dijo que “Patriotas” es mi probation. Tiene razón. Leer a Aguinis o al rabino Sergio Bergman es más un castigo que un placer.

76 años del asesinato de Augusto César Sandino


Nicaragua recuerdo, los 76 años del asesinato de Augusto César Sandino, el hombre que enseñó el camino de la dignidad a los nicaragüenses. El 21 de febrero de 1934, al salir de una reunión con el presidente Juan Bautista Sacasa, el "General de hombres libres" fue capturado y posteriormente asesinado por soldados de la Guardia Nacional, en cumplimiento de órdenes del tristemente célebre Anastasio Somoza García, entonces jefe de ese cuerpo armado.

Nacido en Niquinohomo, en el departamento de Masaya, el 18 de mayo de 1895, Augusto Nicolás Calderón Sandino -ese era su nombre- trabajó de niño como recogedor de café en plantaciones del Pacífico nicaragüense y más tarde se ganó la vida en diversos oficios.

Como muchos de sus compatriotas, emigró a países vecinos en busca de mejores oportunidades laborales y trabajó como mecánico en Costa Rica, y en las plantaciones de la United Fruit en Honduras y Guatemala, antes de marchar a México, donde encontró empleo en empresas petroleras.

Las primeras décadas del siglo pasado fueron marcadas en Nicaragua por una gran turbulencia política, que tuvo como principal ingrediente varios desembarcos de tropas estadounidenses y la ocupación casi permanente del país por Washington.

En ese escenario, el joven Sandino alimenta su formación política con las influencias de patriotas como Benjamín Zeledón, quien en 1912 se enfrenta a los invasores norteamericanos y muere en combate en octubre de ese año.

En mayo de 1926 tropas de Estados Unidos vuelven a desembarcar, esta vez por Bluefields y comienza la llamada guerra constitucionalista. Sandino, entonces en México, regresa al país y en octubre de ese año se alza en armas al frente de algunos trabajadores de las minas de San Albino.

En los años que siguen, al frente de su "pequeño ejército loco", Augusto C. Sandino fue forjando su leyenda, basada en la decisión de no deponer las armas y continuar el combate mientras permanecieran en el territorio nacional las tropas invasoras.

En enero de 1933 ese objetivo se consigue al retirarse del país los invasores estadounidense. Juan Bautista Sacasa asume la presidencia y el general Somoza la jefatura de la Guardia Nacional. Sandino viaja a Managua en febrero de ese año y firma un tratado de paz.

Sin embargo, su ejemplo de patriota incaludicable era muy difícil de soportar por personeros de un régimen sometido plenamente a Estados Unidos, y tampoco por Washington, que lo consideraba un factor de riesgo para su control absoluto de la nación centroamericana.

Eso llevó a su asesinato el 21 de febrero, donde Anastasio Somoza sumó méritos a un expediente criminal que le permitió después ser escogido por Washington para gobernar el país e iniciar una dinastía dictatorial que mantuvo sojuzgada a Nicaragua durante más de 40 años.


Cuando aceptó la reunión con Sacasa Sandino nombra a Ramón Raudales como jefe del destacamento de Wiwilí y sale hacia Managua en compañía de su hermano Sócrates y los generales Estrada y Umanzor (16 defebrero). Declara que la Guardia Nacional es inconstitucional (17 de febrero). Se reúne con Sacasa y Somoza en Casa Presidencial (18 de febrero). El diario La Prensa afirma que Sandino debe entregar las armas sin condiciones (18 de febrero). Sacasa nombra al general Horacio Portocarrero delegado presidencial en los departamentos del norte, con la abierta oposición de Somoza (20 de febrero).


Mensaje a Sacasa reclamando garantías para quienes lucharon por la soberanía nacional (19 de febrero). Después de una conversación telefónica, Arthur Bliss Lane y Somoza sostienen una entrevista (21 de febrero). Luego Lane almuerza, con Moncada. A las seis de la tarde de este mismo día, Somoza se reúne con dieciséis oficiales de la guardia para finalizar el plan criminal.


Secuestrado al bajar de Casa Presidencial despues de una cena con Sacasa y llevado al campo de aviación al noreste de Managua, en donde es asesinado en compañía de los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor (21 de febrero); pocos momentos antes su hermano Sócrates Sandino había corrido la misma suerte.

La Guardia Nacional ataca la cooperativa agrícola de Sandino en Wiwilí. Muchos sandinistas asesinados y se rinde el general Abraham Rivera (3 de marzo).

El Congreso Nacional aprueba un decreto de amnistía para aquellos que hubieran cometido cualquier delito del 16 de febrero de 1933 en adelante (25 de agosto). (Sandinovive.org)

Es un aniversario más del paso a la inmortalidad de Augusto César Sandino, héroe nacional,el pueblo nicaragüense le rindio homenaje en numerosas localidades de la geografía de Nicaragua, especialmente en Niquinohomo.

Prensa Latina

GRACIAS MACRI X EL AGUA, VIDEO DE FONTOVA

Ta aguada Buenos Aires - Agua Podrida - de Leo Masliah - por Fontova y sus Sobrinos

lunes, 22 de febrero de 2010

EL VIDEO DE ALIVERTI HABLANDO DEL ODIO

No es el fragmento que paso 6.7.8... Este es el audio completo de la nota editorial que Eduardo Aliverti dijo en su programa el sábado 20-02-2010, es imperdible.

MALVINAS: PODER Y PETROLEO


Ojo al Cristo que es de Plata!”
George Bernard Shaw, el gran dramaturgo irlandés, predilecto durante varias décadas del público británico, caracterizó con su mordaz estilo al pueblo inglés, adoctrinado históricamente por su clase dirigente. Dijo en una de sus obras:
“Nunca se encontrará un inglés que no tenga razón. Todo lo hace por principios; te guerrea por principios patrióticos, te roba por principios de comercio, te esclaviza por principios imperiales, te oprime por principios de fuerza, sostiene a su rey por principios de lealtad y lo decapita por principios republicanos…”
Aquí encontramos una de las claves que explican la trayectoria del Reino Unido en el concierto internacional
1. Gran Bretaña tiene una histórica tradición imperialista en detrimento de casi todos los pueblos del mundo, desde América hasta el Extremo Oriente; la piratería era amparada por la corona, que compartía el botín, y la expansión se hacía sobre la base de los intereses de las grandes compañía privadas que financiaban guerras y expediciones punitivas.
2. Un ejemplo dramático fueron las dos guerras del opio en 1840 y 1860 para evitar la prohibición al uso de la droga dispuesta por el emperador.
3. Andrew Graham Yooll, escritor y periodista de “The Buenos Aires Herald” sostiene que Inglaterra libró guerras contra Hispanoamérica desde 1763 a la contienda de las Malvinas.
4. A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, se inicia el desguace del imperio victoriano desde la India hasta el Africa, por diversas razones. Sin embargo, Londres se aferra con dientes y uñas a dos islas perdidas en las brumas del Atlántico Sur: ¿por que?. La explicación más evidente y razonable es que el explosivo aumento del precio del petróleo y la disminución de las reservas mundiales, coloca en primera línea de interés a las áreas hasta entonces mantenidas como reserva por los intereses multinacionales. El Mar del Norte salva al Reino Unido de la catástrofe económica y aparece la cuenca austral submarina de la Argentina como perspectiva de enorme interés.
5. En 1979 los conservadores conquistan el gobierno con Margaret Thatcher, con dos aparentes razones para lanzarse a la aventura de asegurar el dominio de las Malvinas, que los laboristas ponían en riesgo con sus largas pero esperanzadoras negociaciones: consolidar su propio prestigio, en su punto más bajo de apoyo en la opinión pública en 1982 , y facilitar al grupo empresario Coalite, en cuyo directorio figuraba su esposo Dennis Thatcher, el control de la zona, donde potencialmente existían reservas de petróleo y gas cuyo valor estimativo rondaba los seis millones de millones de dólares. Cuarenta veces la actual deuda externa argentina.
Esa potencialidad de los yacimientos submarinos del Atlántico Sur era conocida por todos los centros petroleros del mundo, aunque ninguno tenía interés en ponerla sobre el tapete público.
Sin embargo, en las postrimerías del gobierno de Isabel Perón, en septiembre de 1975dos grupos empresarios, uno inglés y otro estadounidense, tomaron contacto con medios argentinos para asociar al país en la explotación de los hidrocarburos, a los que habría que agregar la existencia de importantes campos de nódulos de minerales estratégicos, y en última instancia, por su valor económico, la pesca.
La embajada británica envió dos expertos en negociaciones petroleras, un señor Mc Cluskey, de la British Petroleum y otro, Foster, de la Shell, quienes tomaron contacto a nivel de extrema reserva con exponentes de la dirigencia política, militar, económica y sindical argentina. El embajador organizó una recepción en su domicilio de la calle Gelly y Obes. Asistieron jefes militares que tendrían un papel destacado durante el gobierno de Jorge Rafael Videla, dirigentes políticos del radicalismo y empresarios. Sus nombres llegaron a mi poder entonces, pero no estoy en condiciones de confirmarlos con pruebas tangibles.
Los británicos ofrecieron el traspaso paulatino de la soberanía de las islas a la Argentina a cambio de la constitución de un consorcio para la explotación de los hidrocarburos, constituido por YPF, Shell, British Petroleum y la Anglo Arabian. Los ingleses se reservarían el 30 por ciento de los hidrocarburos extraídos; el restante 70 por ciento sería refinado en nuestro territorio, cuya capacidad de refinación se ampliaría con la construcción de una gran refinería en Río Gallegos.
En esos dias los medios decian sobre la propuesta de los petroleros británicos de levantar una planta para la producción de combustibles líquidos a partir del gas de los yacimientos fueguinos, con una inversión de 1.500 millones de dólares, que daría empleo a 10.000 trabajadores durante la fase de construcción y a 500 que formarían luego la planta permanente.
La oferta sumaba la realización de obras de infraestructura, líneas de crédito para la industria y la apertura del mercado británico para nuestras carnes y cereales. !Toda una tentación!
Pero surgía un obstáculo. Los petroleros estadounidense, encabezados por los magnates tejanos, también estaban al mismo tiempo en Buenos Aires. La misión era encabezada por Juan Yáñez, gerente general de ESSO de la Argentina, por el asesor del Departamento de Estado Roy Rubottons, John Arams, Leopoldo Vincent y George Rubstein o Robstein.
También los americanos hablaron con militares, políticos y empresarios. Pero mientras los ingleses se acercaban al sector “lanussista” de las FF.AA. y al radicalismo, los norteamericanos lo hacían con jefes militares enfrentados con esa línea y un par de ministros de Isabel Perón, cuyos nombres tampoco voy a revelar, pero conozco.
Solamente voy a mencionar a una persona, porque explica mucho de lo que ocurrió después: un entonces desconocido coronel llamado Leopoldo Fortunato Galtieri, cuyo ascenso a la Presidencia de facto apareció muy ligada a los cursos realizados en West Point y la imagen de “general majestuoso” difundida por la prensa yanqui.pero q en realidad era un borrachín empedernido.Evidentemente, era una pieza importante en el juego de ajedrez entre los primos anglosajones.
Estados Unidos, a través de sus contactos, doblaban las ofertas inglesas, aumentaron los porcentajes de utilidades para la Argentina, prometieron apoyo tecnológico para la industria nuclear,
abrir sus mercados a la industria media, otorgar créditos a tasas reducidas y, además, presionar a Inglaterra para que restituyera las Malvinas.
En ese momento Yáñez y Arams fueron secuestrados supuestamente por la organización Montoneros. Liberados pocas horas después, sin sufrir agresiones físicas, fueron forzados por su gobierno a abandonar precipitadamente el país. Trascendió más tarde que habían informado con amplitud de detalles el estado de las negociaciones sobre el petróleo. Con el tiempo tomó cuerpo la versión de que el secuestro fue hecho por un grupo contratado por el servicio de inteligencia ingles y nada habian tenido que ver montoneros, al mejor estilo James Bond, Londres le dobló la mano al Departamento de Estado y a la CIA..
Comprendo que todo esto suena a política-ficción, pero la lucha por el poder mundial se disputa a niveles inalcanzables para la percepción del hombre común. A veces la realidad supera hasta el infinito a la misma imaginación.
En 1986 tuve oportunidad de tratar a un militar belga, el coronel Pierre Du Perry. Había sido integrante del Estado Mayor del Ejército de Katanga, una región del Congo que se había separado del país, a instancias de los intereses europeos empeñados en la explotación del oro y los diamantes.
Yerno del presidente del poderoso grupo Uniòn Minière Belge, e interesado en traducir al francés mi libro sobre Malvinas, Du Perry me hizo conocer los términos de un acuerdo secreto pactado entre la Unión Soviética y Gran Bretaña, conocido como “Entendimiento Oppenheimer”. El grupo Oppenheimer es el cartel anglo-suizo-norteamericano que controlaba el oro y los diamantes de Sudáfrica, minerales que tenían su otro gran productor en la Unión Soviética. Desde hacía años ingleses y soviéticos controlaban de común acuerdo el mercado internacional del oro y los diamantes; se sumaba a ellos el del cromo, mineral estratégico de vital importancia.
Nos estamos ubicando al promediar la década de los años 70, cuando el avance estratégico soviético, desde Cuba, hasta China, pasando por Medio Oriente y los puntos más sensibles de la geografía africana, parecía tender un cerco sobre los Estados Unidos.
El tratado secreto, modelo de pragmatismo de ambas partes, establecía según mi informante:
• Moscú acordaba garantías a los intereses económicos occidentales de que no peligraría la propiedad de los yacimientos sudafricanos de oro, diamantes y cromo.
• Londres reconocía el Cono Sur africano como eventual “esfera de influencia” rusa.
• Moscú, a su vez, reconocía como “esfera de influencia” inglesa la América del Sur.
Casualidad o no, Moscú se abstuvo de votar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas cuando se trató el conflicto de las Malvinas, en contra de su tradición de enfrentar a Occidente en todos los litigios, sin importar demasiado la legitimidad democrática de los gobiernos involucrados. No olvidemos que durante el gobierno de Roberto Viola, sucesor de Videla, llegó a la Argentina una misión militar soviética y hubo un sugestivo intercambio de condecoraciones.
La implosión del inviable imperio soviético modificó este panorama estratégico con el correr de los años, pero la realidad de entonces torna, por lo menos verosímil, la confidencia de Du Perry y explica muchas cosas. Como que actualmente los grupos británicos (ingleses, canadienses. australianos) dominen prácticamente la gran minería de la Argentina y del Brasil, tanto en minerales tradicionales como en los llamados estratégicos. Estados Unidos perdió terreno, al menos temporalmente.
Analicemos la acción desplegado por los gobiernos de Londres y Buenos Aires a poco de anunciarse el envío de la Task Force, inglesa – más de 25.000 hombres y un centenar de buques, incluyendo dos portaaviones, un submarino nuclear, destructores y fragatas – rumbo al Atlántico Sur.
El antes mencionado almirante estadounidense Harry Train, durante una conferencia dada en la Escuela de Guerra Naval argentina el 26 de noviembre de 1986, sostuvo:
“Entre el 2 de Abril y el hundimiento del Belgrano, el 2 de Mayo de 1982, las autoridades argentinas actuaron en la convicción de que estaban envueltas en el manejo de una crisis diplomática. Los británicos lo hicieron en la convicción de que estaban en guerra.”
En esta diferente apreciación del conflicto reside una de las claves de la derrota argentina. Las autoridades de la Junta Militar no tomaron las medidas que hubieran volcado a su favor el escenario estratégico. No aprovecharon la oportunidad para emplear buques de carga en el transporte de artillería pesada y helicópteros para sus combatientes y equipo para prolongar la pista de Puerto Argentino a fin de que pudieran operar los A-4 y los Mirage desde el archipiélago.
La presencia de aviones en tierra sumada, tal vez, a la del crucero General Belgrano, convertido en emplazamiento de artillería de largo alcance, hubiera impedido el martilleo constante de las fragatas ingleses sobre las líneas argentinas.
Para algunos analistas, el gobierno militar, cortejado por los petroleros tejanos que aseguraban contar con el apoyo de Washington, estaba convencido de que la presión norteamericana obligaría, finalmente a Londres a aceptar una solución diplomáticas que respetara los intereses de las partes.
Se planteó una política de “legítima defensa”, a partir del primer incidente en las islas Georgias, en que Gran Bretaña apeló a la fuerza para impedir la permanencia de los trabajadores argentinos contratados por el chatarrero David Davidoff para desmantelar viejas estructuras de las abandonadas estaciones de caza de ballenas. Davidoff había firmado un contrato con el gobierno de Londres para efectuar esas tareas.
Todo señala que el pretexto de que el campamento de civiles había ostentado una bandera argentina en el lugar, hecho que no representaba ningún riesgo como eventual antecedentes jurídico en la disputa de soberanía, formó parte de la estrategia de Thatcher para escalar el conflicto hasta desencadenar una guerra perfectamente planeada.
¿Por cual razón?. Porque la posición jurídica de la Argentina en el seno de las Naciones Unidas era de indiscutible fortaleza, a punto tal de que había pocas dudas en el contexto internacional de que, finalmente Inglaterra aceptaría negociar la restitución de la soberanía. Ante la fragilidad de la diplomacia. sólo restaba provocar un acto de fuerza, embretar a los militares de Buenos Aires en una trampa de la que no pudieran escapar impunemente.
Al zarpar la flota hacia las Georgias, a Buenos Aires le quedaba una sola opción: abandonar el campo y aceptar las condiciones de la “expedición punitiva” o hacer pie en Malvinas sin derramar sangre inglesa y así crear las condiciones morales para una negociación ante los ojos del mundo.
La operación del 2 de Abril, comandada por el almirante Carlos Büserr, fue impecable. Setenta buzos tácticos argentinos desarmaron a la guarnición de medio centenar de Royal Marines y abrió las puertas a la guarnición de desembarco.
Margaret Thatcher buscó permanentemente la guerra. Y lo logró cuando, en una decisión que ha sido calificada por muchos juristas como “crimen de guerra”, ordenó hundir por el submarino nuclear “Conqueror” al crucero “General Belgrano”, fuera de la zona de exclusión de 200 millas, arbitrariamente fijada por su gobierno para las naves y aviones argentinos, cuando navegaba, con todas las luces encendidas, rumbo a Tierra del Fuego, convencido de estar al abrigo de todo ataque.
Todo indica que lo hizo urgida por la presión de las Naciones Unidas, cuando la mediación del presidente del Perú. Belaunde Terry, la acorralaba para aceptar una salida pacífica.
El parlamentario escocés Tam Dalyell, laborista, lanzó una dramática acusación desde su banca:
“El cargo concreto es que la Primer Ministro, fría y deliberadamente, dio la orden de hundir el crucero “General Belgrano”, a sabiendas de que una paz honorable estaba a punto de lograrse, y con la esperanza de que los torpedos del submarino hundieran el plan de paz peruano que ofrecía dicha posibilidad”
Es más, Dalyell también afirmó contar con pruebas de que antes de la invasión argentina Gran Bretaña realizaba aprestos de guerra.
Dos días después de la dolorosa pérdida de vidas argentinas en el mar, los ingleses recibieron una contundente réplica: la aviación argentina hundió el crucero “Sheffield”. Londres, dijo un testigo presencial, se paralizó al difundirse la noticia. La guerra no iba a ser un paseo.
¿Pudo la Argentina ganar una guerra contra Gran Bretaña? La respuesta es no, si por tal consideramos un conflicto bélico extendido en el tiempo. ¿Pudo la Argentina derrotar a la flota inglesa en Malvinas, con lo cual era muy probable el derrumbe político de Mrs Thatcher y su reemplazo por un gobierno laborista que posibilitara una equitativa solución del histórico litigio?. En este caso la respuesta es sí. La importancia de las bajas experimentadas por la Task Force, el comienzo del invierno y los problemas de reequipamiento que experimentada el almirante Woodward, comandante en jefe de la flota incursora, así lo hacen suponer.
Queda, tal vez, una pregunta por satisfacer. Si los intereses de los petroleros tejanos movilizaron a buena parte del gobierno de Ronald Reagan a asociarse con la Argentina para explotar los hidrocarburos de su plataforma continental submarina, ¿por qué, en definitiva, Estados Unidos terminó por abrir los arsenales de la NATO para proveer de armas de avanzada tecnología a Inglaterra – misiles aire-aire Sidewinder de última generación, misiles antiradar para atacar a las baterías antiaéreas argentina y las bombas guiadas por laser Pavewy II de alta precisión – además de combustible y buques-taller que emparcharon los buques averiados para mantenerlos a flote?
Por Sergio Cerón y enviado por PAULA ANTA ZARZA
Pasado casi 30 años Inglaterra vuelve por el petroleo en la zona y en Argentina cuenta con aliados que estan mas interesados en defender sus intereses(clarin, la nacion, oposicion) que los intereses del pais, son aliados que llegan a comparar a un gobierno democratico con una dictadura militar, dictadura que apoyaron y de la que sacaron buenos reditos(por ej. papel prensa), esos aliados de los ingleses solo quieren la caida del gobierno para no perder sus privilegios o ir presos por el robo de bebes.
BETO MARTINEZ